La película de 2002 La máquina del tiempo es un clásico de la ciencia ficción en la actualidad, y no porque la trama se centre en un viaje al pasado que termina por alterar el presente debido al efecto mariposa como ya hemos visto tantas veces, sino porque ocurre todo lo contrario: la historia nos lleva al futuro. Muy al futuro.
Pero ¿qué dice el material original?
Como la mayoría de las adaptaciones cinematográficas, ésta se toma varias libertades para facilitar el impacto audiovisual y ajustar la historia al nuevo medio, pero a pesar de que prácticamente se cuenta una historia diferente con personajes que sólo tienen en común su nombre, funciona como un increíble complemento que permite imaginarse un contexto más grande que el que se muestra en el libro, como las secuencias de la máquina viajando, en las que se van mostrando la historia futura de la humanidad y cómo ésta terminó en la situación en la que se encuentra en el año 802,701.
«—¿Qués es eso del viaje en el tiempo? Un hombre no puede cubrirse de polvo revolcándose en una paradoja, ¿o acaso puede?».

Autor: H. G. Wells
Año de publicación: 1895
Género: Novela científica (hoy ciencia ficción)
Durante una pequeña reunión, un científico londinense afirma que ha descifrado los secretos de una cuarta dimensión, lo que le permitirá viajar en el tiempo, pero sus amigos se muestran bastante escépticos aun después de que el científico les hiciera una demostración con una máquina a escala.
Una semana después, cuando vuelven a reunirse, el científico no está en casa, pero sí se presenta más tarde, sucio, herido, despeinado y mal vestido, por lo que lo incitan a explicarse. El Viajero del Tiempo (pues siempre es referido bajo este apodo) prosigue a contarles su aventura en el futuro, del que parece regresar un tanto decepcionado.
El año es 802,701 y el Viajero del Tiempo piensa haber llegado a una sociedad utópica en la que el ser humano ha resuelto todos sus problemas: contaminación, violencia, hambruna, sobre-población, sedentarismo e, incluso, el consumismo desmedido. Sin embargo, no tarda en darse cuenta de lo errónea que fue su primera impresión, descubriendo que en algún punto la raza humana se dividió en dos grupos que evolucionaron de maneras muy diferentes. Por un lado tenemos a los eloi, gente pacífica y juguetona que se mantiene a base de frutas sin grandes aspiraciones, y por otro, a los morlocks, seres subterráneos y carnívoros que aterran a sus primos de la superficie.
Y, por supuesto, para contar una historia se necesita un conflicto, y el que se presenta aquí es la desaparición de la máquina del tiempo.
Nunca conocemos gran cosa sobre nuestro narrador además de ser un buen amigo del Viajero del Tiempo, a quien describe como «uno de esos hombres que son demasiado inteligentes para creerles». El único personaje del que conocemos su nombre más allá de las primeras dos páginas del libro, es Weena, una eloi que pronto se hace amiga del Viajero del Tiempo, ayudándolo a explorar un poco más su mundo enseñándole su idioma y los peligros que debe evitar.
«Su triunfo no había sido simplemente un triunfo sobre la naturaleza, sino un triunfo sobre la naturaleza y el prójimo».
La ciencia detrás de la máquina del tiempo no es, ni de lejos, el punto central de la trama, así como H. G. Wells tampoco da una gran descripción muy útil sobre su aspecto (razón por la que se comparan mucho sus textos con los de Julio Verne, que, como menciono en la reseña de La isla misteriosa, es famoso por sus amplias descripciones), por lo que es fácil darse cuenta de que, como suele ser el caso con él, la obra es una crítica a la sociedad de su tiempo. En este caso, se centra en la jerarquía socio-económica, dando a entender (pero nunca afirmando) que los eloi son los sucesores de la clase alta burocrática, mientras que los morlock son lo que quedó de la clase trabajadora. Es interesante analizar cómo estos últimos son ahora los que marcan el ritmo con el que se mueve el mundo.
Podemos entender otro punto a través de esto: todo lo que sube tiene que bajar, incluso la civilización humana.
Futuro no significa irremediablemente progreso, por lo que una sociedad muy «avanzada» puede llegar a ser lo mismo que una primitiva. El Viajero del Tiempo, científico y mente brillante de su tiempo, tarda bastante en darse cuenta.
¿Es realista la historia? No veo por qué no. Apenas estamos comenzando el segundo milenio, por lo que es muy difícil imaginar cómo será el planeta en el número 800, o si nosotros, como especie humana, seguiremos aquí.
«—Dicen que la vida es un sueño, un pobre sueño a veces precioso…, pero no puedo soportar otro que no coincida, ¿y de dónde me ha venido este sueño? Tengo que ir a ver esa máquina, ¡si es que la hay!